PUBLICACION DEL AUTOR

EN LA ACTUALIDAD FALTA MAYOR INVESTIGACION NACIONAL DESDE LAS ESPECIALIDADES DE LAS CIENCIAS DE LA SALUD Y EN ESPECIAL DE LA REHABILITACION DESDE TODOS LOS NIVELES, ESTA PAGINA ES UN INTENTO DE REUNIR LAS INFORMACION RELACIONADA DE DIFERENTES AREAS DE LA EDUCACION Y REHABILITACION

JULIO 2011

El juego cotidiano: Esencial y sanador
(ENTREVISTA A ERNA IMPERATORE)
 
Esta terapeuta ocupacional chilena es una de las especialistas mundiales en juego. Desde su experiencia alerta sobre la dramática disminución del tiempo que los niños pueden dedicar a actividades lúdicas libres. Asegura que a veces hay que romper reglas y realizar tareas no productivas por el mero goce de hacerlas.
Por: Alejandra Sepúlveda P. \ Fotos: Sergio López
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La familia se habia reunido nuevamente, tras la muerte temprana de una de las hermanas a los 33 años, emulando aquellos picnic que organizaban de niños todos los domingos. En esas memorables jornadas el padre disfrutaba inventando juegos en los que rompía las reglas y hacía reír a toda su prole. Toda una celebración de unidad que esta vez se veía opacada por la ausencia de la tercera de sus hijas. La tristeza era visible en cada uno de los comensales y abundaban los silencios. Hasta que a uno se le ocurrió organizar un juego de pelota con todos los niños. Se formaron dos equipos, el de los mayores y el de los jóvenes, integrado por los hijos y sobrinos. El juego comenzó, pero los adultos no parecían gozarlo. Los menores le ganaron las primeras partidas, hasta que protestaron por la falta de desafío. Finalmente, se quebraron toda las reglas y el juego se convirtió en una mezcla de vóleibol, básquetbol, fútbol y locas piruetas. Desorden y divertimento se apoderaron de los adultos, mientras los chiquillos se retiraban de la cancha gritando que eran unos camorreros tramposos. Al terminar, exhaustos de correr, bromear, empujarse y reír, los hermanos se recostaron sobre el pasto, advirtiendo que era la primera vez que todos compartían y disfrutaban después de su gran pérdida.
La anécdota pertenece a la familia de la terapeuta chilena Erna Imperatore Blanche, doctora en Ciencias de la Ocupación por la Universidad de Southern California, quien ha dedicado las últimas tres décadas a investigar el tema del juego en Estados Unidos y es cofundadora de Play Studio, un centro dedicado al de- sarrollo y promoción de actividades de juego y de Therapy West, donde atiende semanalmente a 500 niños con múltiples discapacidades, ambos ubicados en Los Angeles.
Imperatore considera el juego como una de las experiencias fundamentales que ayudan a las personas a conectarse con la esencia de lo que son. Por lo tanto, dejarlo a un lado les arrebata la posibilidad de disfrutar de una experiencia íntima que es tremendamente gratificante e incluso puede ser sanadora.
Por eso alerta sobre el momento actual en que el juego dejó de ser parte del estilo de vida. "Los adultos no tienen mucho tiempo para entregarse a actividades lúdicas, porque su existencia está dominada por el trabajo, y la de los niños, por tanta actividad formal: colegio, estudios, tareas... que ha reducido dramáticamente el tiempo dedicado al juego libre y desorganizado, aquel que estimula su creatividad", señala la especialista quien, a través del estudio y la observación del comportamiento de sus pacientes, concluyó que existen al menos seis motivaciones o estilos de juego (ver recuadro) y acuñó su propia definición. "El juego es una actividad libre, sin reglas, espontánea, de goce, de cambio, de energía. En fin, un concepto poco entendido por la cultura del presente, que sólo valora las tareas productivas y no así lo que nos hace felices como personas". De este modo es frecuente encontrar a quienes no disfrutan el tiempo libre o sólo lo encuentran agradable cuando están haciendo algo "productivo".
Erna advierte que todas las actividades que eran sin un propósito, pero que se hacían por gusto, por una motivación intrínseca, disminuyeron y cita un estudio canadiense sobre el uso del tiempo en los niños. "Estamos muy orgullosos del aumento de horas de colegio, pero las cosas hay que hacerlas con moderación. Que ellos estén 10 horas en el colegio no significa que vayan a funcionar mejor y que vayan a aprender más que si están seis. Quizás sería mejor que el niño se desarrollara como persona en las otras cuatro horas", aclara.
Imperatore está convencida de que el juego, pensado como fuerza liberadora; como una actividad orientada al goce respecto de lo que se está haciendo, puede facilitar y enriquecer el diario vivir. Mientras que la rigidez, la crítica excesiva, la sobrecorrección, el perfeccionismo, el estrés, el exceso de responsabilidades, no sólo limitan la expresión del juego, sino que resultan desequilibrantes.
La especialista, una de las expertas mundiales en el tema, fue la principal oradora del VI Congreso de la Organización Internacional de Teletones (ORITEL), celebrado entre el 26 y 28 de julio en Valparaíso, donde dictó dos conferencias: "Juego y Familia" y "Juego y Discapacidad", y realizó el taller "El Juego en Rehabilitación".
Imperatore asegura que en cada una de sus intervenciones - dicta seminarios en los cinco continentes-  busca crear conciencia sobre la enorme repercusión que tiene el juego en lo cotidiano, porque "cumple funciones de bienestar, de bajar el estrés y de nutrir a las personas de experiencias positivas".
"El juego es una actividad orientada al proceso. La persona está haciendo eso o aquello por el goce que tiene de hacerlo, lo que indica cuál es la esencia de esa persona. Si piensas en algo que haces por ti, nada más que por ti, que te hace vibrar, eso demuestra quién eres en lo más íntimo y cómo ser feliz en el presente", explica.
En el caso de los niños, la vivencia es similar y por lo mismo los adultos no deberían imponerles juegos: "muchas veces miramos lo que está haciendo el niño como juego y puede que para él no lo sea. Yo no le puedo decirle 'ok, vas a participar en teatro', porque puede que eso no sea jugar para él y le cargue y tampoco decirle 'vamos a ir a esquiar, porque eso es juego para ti'. Nosotros tenemos que mirar quién es el niño, para dónde va, cuáles son sus intereses y de esta forma y con esa información    crearles las oportunidades para el juego, sin que sea un acto impositivo".
Según Imperatore, el juego es un termómetro del bienestar cotidiano, pues se transforma o desaparece cuando hay estrés, depresiones, enfermedades o discapacidad.
-          ¿Cómo aplica su visión en el trabajo con los niños discapacitados?
- ¿Qué es lo que pasa con ellos? Estamos tan absortos en que tiene que escribir bien, caminar bien, vestirse bien, que a veces se nos olvida que ese niño debe participar en la vida comunitaria de forma más plena. Y eso también significa tener actividades recreativas y actividades de juego que le satisfagan a él.
Niño intenso...
- ¿El juego ayuda a los niños diagnosticados con inmadurez del desarrollo, como el déficit atencional?
- Yo creo que tengo un poco de Déficit Atencional y tengo dos hijos que en EE.UU. fueron diagnosticados y trabajo mucho con el tema. Miro el déficit atencional como un regalo que tiene que ser manejado. Tenemos grandes pensadores, gente que le ha ido muy bien, con este déficit. Son personas que tienen la capacidad de hacer dos cosas al mismo tiempo y se aburren fácilmente. Empiezan en la sala de clase a hacer el tiquití con el lápiz y vuelven loco al profesor. Una de las técnicas que usamos es dejar que el niño haga el tiquití. Le decimos al profesor: 'déjelo, pero déle algo que no haga ruido, que no moleste a los demás, como la plasticina'.
Después, por ejemplo, les recomendamos a los profesores: 'mire, cuando Ud. necesite que le borren el pizarrón u otra diligencia mande a ese niño y si le pide ir al baño, déjelo. El niño con déficit atencional tiene una necesidad de actividad y no puede estar sentado todo el tiempo. Entonces lo ideal es que pueda recibir el estímulo que necesita, sin crear un problema dentro de la sala de clase. A estos niños también los sentamos mucho en pelotas para darles el movimiento. Y de hecho hay investigaciones que dicen que la atención les sube.
Erna Imperatore parafrasea a Stephen Hawking cuando reflexiona respecto de que "todos somos buenos para ciertas cosas y malos para otras". Ella conoció al científico en un seminario y quedó profundamente tocada con sus palabras. "Nos dijo a todos los terapeutas ocupacionales presentes que no dábamos en el clavo". Porque, según el autor de la teoría de los agujeros negros en el espacio, lo que siempre hay que buscar es lo que la persona le gusta hacer y hace bien, algo que es tan válido para un adulto como para un niño. "Tendemos a sobrecorregir lo que está haciendo, entonces se sentirá menos capaz y perderá la motivación intrínseca. Lo mismo ocurre con los niños que entran al colegio pintando muy lindo y después de tanto decirles que no se salgan de los márgenes les inhiben la creatividad".

¿El perfeccionismo es negativo entonces?
- Pienso que tendemos a sobrecorregir por miedo a que el niño no pueda funcionar en esta sociedad. Y claro, por un lado hay que hacerlo, pero por otro es importante que se cuestione y exprese, porque el juego es la expresión de lo que es uno y es una de las experiencias más transformadoras. \\

Los adultos también juegan

Dicen los expertos que existe una relación directa entre las actividades lúdicas del adulto y los juegos que desarrollaba durante su infancia. Así las personas que utilizan el juego como forma de enfrentar sus actividades laborales tienden a preferir profesiones como el diseño gráfico, el baile, la música, el teatro y otras centradas en la creatividad y las artes. La mayoría ama su trabajo y lo considera divertido. ¿Qué hacía en su infancia para entretenerse? ¿Cuáles eran sus actividades favoritas?¿Hay alguna actividad placentera que practique actualmente y que sea la misma o esté relacionada con su niñez y adolescencia? Erna Imperatore invita a reflexionar, para lo cual puede ser útil conocer las seis motivaciones que caracterizan el juego adulto.
Restauración: son las actividades durante las cuales el adulto se relaja, cambia el enfoque y se aleja de las ocupaciones estresantes. Esta es la entrada al juego, según Erna Imperatore, porque hay que pasar por esta etapa para entrar en otra actividad placentera. Sucede, por ejemplo, al llegar a casa, y descansar hojeando una revista con los pies sobre la mesa.
1. Ludos: son actividades relacionadas con el juego y la diversión que entregan momentos de liviandad. Hacer bromas a un amigo, contar chistes, copuchar, coquetear o juguetear con alguien. Se trata de actividades para mantener y subir el nivel de alerta y disfrutar un poco más lo que se está haciendo, por ejemplo en el trabajo.
2. Elevada conciencia de sí mismo: es el llamado juego profundo que suele presentarse a través del yoga, la meditación, las actividades espirituales o de situaciones más desafiantes como nadar con tiburones, o practicar un deporte que requiere de mucha intensidad. A estas personas se las llama los buscadores de sensaciones.
3. Maestría: son actividades en las que el goce deriva de tomar el control de una actividad y hacerla bien. A menudo incluyen desafíos físicos e intelectuales como escalar una montaña, practicar el piano, nadar, participar en una carrera de obstáculos, armas un puzzle.
4. Aventura: el placer deriva en exponerse a experiencias físicas o intelectuales novedosas, como viajar y perderse en una ciudad sin un rumbo fijo. Puede relacionarse con el impulso infantil de explorar.
5. Creatividad: es crear una cosa nueva, algo que se antoja a una revelación, semejante a la exclamación espontánea que se pronuncia cuando se descubre algo nuevo y especial. La meta es la propia creación de una pieza de arte, un tejido, una torta y no el producto
 
 
 ABRIL 2011
APORTE DE LA TEORIA DE INTEGRACION SENSORIAL EN LA MODIFICACION DE LA CONDUCTA DEL NIÑO

Todos conocemos niños desobedientes,inquietos o malos estudiantes. Y no es que sean así porque quieran. En muchos casos no son responsables de su actitud, porque hay algo más fuerte que ellos que determina su comportamiento. Ese algo puede ser un trastorno del procesamiento sensorial (TPS), también conocido como disfunción de la integración sensorial (DIS).

El TPS o DIS se presenta cuando el sistema nervioso central no es capaz de interpretar y organizar adecuadamente las informaciones captadas por los diversos órganos sensoriales. Por tanto, tampoco puede analizar y utilizar dicha información adecuadamente para entrar en contacto con el ambiente y responder eficazmente a los múltiples estímulos del entorno.

Un trastorno en el procesamiento sensorial afecta profundamente a la capacidad de afrontar las ocupaciones de la vida cotidiana. Sencillas actividades como comer, vestirse, bañarse, jugar o hacer las tareas del colegio se convierten en inconvenientes difíciles de superar.

Como consecuencia de un TPS pueden aparecer problemas emocionales, sociales y académicos, que en muchas ocasiones son achacados a otros motivos. La Dra. Jean Ayres, terapeuta ocupacional estadounidense, fue la primera en describir un conjunto de conductas atípicas relacionadas con un procesamiento sensorial deficiente. Sus investigaciones la llevaron a formular la Teoría de la Integración Sensorial.

Hoy día sabemos que los principios de esta Teoría son útiles no sólo para los niños que padecen TPS, sino para todos. Tener en cuenta los estímulos sensoriales que reciben los niños y los jóvenes, padezcan TPS o no, les puede ayudar a ser más eficaces en el desempeño de sus ocupaciones diarias y en su interacción con el entorno.

Teoría de integración sensorial

El autocontrol en los niños

Habitualmente los problemas de comportamiento y atención en los niños son abordados con fármacos o con programas conductuales basados en premios y castigos.

Ambas estrategias suelen dar buenos resultados, aunque con el inconveniente de que representan un control externo sobre el niño y pueden crear dependencia. Es decir, el niño funciona bien con la pastilla o con el premio correspondiente; pero si le faltan, su actitud empeora.

Para evitar dicha dependencia, en coordinación con el médico o el psicólogo, el terapeuta ocupacional especializado en integración sensorial trabaja con el niño el aprendizaje de la autorregulación. Tras una evaluación específica del niño, se diseña un programa de actividades individualizadas, acorde con sus características sensorimotoras.

Es imprescindible que padres y educadores sepan reconocer los estados de alerta inadecuados. Por ejemplo, un exceso de actividad o estar irritable son síntomas de un nivel de alerta inapropiado. Si se sabe cómo lograr que un niño se autorregule mediante una actividad ocupacional, se evitarán muchos problemas.

El niño y la rutina

Para que los niños puedan regular su conducta es importante que sus actividades diarias estén organizadas de un modo equilibrado y previsible. A todos los niños les resulta tranquilizante saber lo que va a ocurrir a continuación.

Del mismo modo que el suspense y lo desconocido excitan, las vidas desordenadas, con muchos cambios imprevisibles, producen inseguridad o excitación que se traduce frecuentemente en conductas negativas.

Como es normal, todas las familias tienen momentos en los cuales hay que romper la rutina. En dichos momentos, debemos intentar mantener cuantos más elementos de la rutina sea posible. Por ejemplo, si se va a dormir fuera conviene llevar el muñeco, el libro de cuentos u otros elementos que suelen formar parte de la rutina de acostarse.

Grandes cambios, como mudarse de casa, por ejemplo, pueden ser especialmente difíciles para los niños. Prepararlos, explicándoles claramente lo que va a pasar, les ayuda a sentirse más tranquilos. Hacer un dibujo o un juego con los aconteci-mientos especiales que se aproximan ayuda a que los niños estén más preparados para afrontarlos.

El niño y los actos sociales

Para que la presencia de niños en actos sociales donde se requiere tranquilidad y silencio no acabe en riñas, castigos y disgustos, la Terapia Ocupacional nos brinda algunas estrategias.

A muchos niños les resulta difícil permanecer sentados y tranquilos, por ejemplo, durante una ceremonia de boda o en una comida en un restaurante. Como es normal, se mueven, tocan todo lo que está a su alcance y buscan maneras de estimular su sistema nervioso.

Para tratar de evitar esas conductas, debemos procurar que anteriormente obtengan la dosis sensorial que necesitan. Por ejemplo, actividades como saltar a la comba, jugar intensamente en los juegos del parque o jugar al balón proporcionan sanos estímulos vestibulares y propioceptivos que ayudan a regular el estado de alerta y tener más tranquilidad.

Debemos evitar que vean televisión, que jueguen a la videoconsola o que realicen otros juegos sedentarios justo antes de un acto social formal. Si previamente han tenido bastantes estímulos sensoriales, proporcionarles después algunos juguetes pequeños será suficiente para que se entre tengan y no molesten a los demás.

El niño en el supermercado

Hay que implicar a los niños en la ocupación, lo cual hará que se sientan importantes, no se aburran y, por tanto, no empiecen con perretas para reclamar la atención. Por ejemplo, podemos preparar en casa la lista de la compra con ellos, aprovechando el momento para practicar la escritura y, a la vez, introducirlos en el arte de gestionar un hogar.

Una vez en el supermercado, el niño puede levantar bolsas de patatas y paquetes de leche para meterlos en el carro o llevar alguna bolsa con los artículos comprados.m También puede ayudar a meter la compra en el coche o llevarla hasta casa, guardarla en los armarios, etc.

Viajar en coche con niños

Tener un desplazamiento tranquilo en el coche con dos o tres niños en el asiento trasero es algo que parece a veces imposible. El no poder moverse del sitio y las escasas posibilidades de cambiar de postura causan que muchos niños se vuelvan más irritables en el automóvil. En ese estado es más probable que estallen riñas y conflictos entre los ocupantes del asiento trasero.

Por ello, hay que procurar que los niños tengan ocasión de moverse bastante y de tener actividades físicas suficientes antes de efectuar un viaje, porque es algo que les ayuda mucho a estar más tranquilos.

Separar a los niños con unos almohadones o varios muñecos de peluche es una buena manera de evitar los pequeños roces que pueden transformarse rápidamente en grandes riñas.

Poder escuchar música por unos cascos o ver una película en un reproductor de DVD es otro modo de mantener la atención de los niños alejada de las peleas. Si no, siempre es posible recurrir a algo más tradicional como es animarlos a cantar algunas de sus canciones favoritas.

El niño hipersensible

El niño etiquetado como arisco es, a veces, un niño hipersensible táctilmente, al que la típica caricia que los mayores suelen hacer en la cabeza le supone una verdadera molestia.

Padecer hipersensibilidad táctil también puede provocar que el niño rechace que le laven el pelo, la cara o los dientes. Asimismo, rechazar vestirse y tener dificultades con el sueño y la aceptación de alimentos son también problemas frecuentes en este tipo de niño.

Debemos entender que hay una razón neurológica detrás de dichas conductas negativas y, por tanto, debemos tratar de adaptar las actividades diarias para que sean más llevaderas para el niño.


El niño y el sueño

Los niños, para dormirse tranquilos, en los momentos previos tienen que evitar ciertos estímulos excitantes, como son ver la televisión y jugar a la videoconsola o al ordenador. Actividades como saltar o correr también deben evitarse a medida que se aproxima la hora de irse a la cama.

Estas actividades físicas, sin embargo, deben formar parte de la rutina diaria del niño en otras horas, puesto que ayudan a regular el estado de alerta y facilitan que, más tarde, la transición entre la vigilia y el sueño se realice adecuadamente.

Pero justo antes de dormir conviene realizar actividades que proporcionen estímulos relajantes. Por ejemplo, mecer a los niños, bien arropados y calentitos, ayuda a que se relajen antes de ir a la cama. Es preferible que el niño no se duerma mientras lo están meciendo, para que aprenda a dormirse solo en su propia cama.

Una vez acostados, a algunos niños les viene bien que la ropa de la cama esté bien ceñida sobre ellos. Este estímulo de tacto profundo resulta muy eficaz para relajar; es comparable al efecto de un masaje relajante.





Niños que no comen bien

Existen numerosas causas y de muy variados tipos por las que los niños no comen bien. A veces se trata de niños hipersensibles, es decir, con una excesiva sensibilidad oral, a los que les producen una sensación muy desagradable tanto las texturas como los sabores de los alimentos.

Por esta causa, estos niños tendrán tendencia a los alimentos crujientes y secos o a los purés y líquidos muy finos. Hay otros niños cuya causa para no comer bien es el hastío que tienen de tomar siempre purés y papillas, cuando ya podrían estar con alimentos de texturas más duras.

Igual que cualquier adulto se cansaría de comer siempre casi lo mismo, los niños también se hartan de tomar durante meses y meses comidas muy parecidas.

En ambos casos, tanto en el de los niños hipersensibles como en el de los que están cansados ya de purés y papillas, puede resultar beneficioso incorporar a sus comidas alimentos crujientes, siempre teniendo en cuenta la capacidad de masticación del niño.

Se les puede dar, por ejemplo, biscotes, ya que se deshacen fácilmente con la saliva en la boca, pero ofrecen una textura crujiente que suele gustar a casi todos los niños. Alternar una cucharada de verdura o fruta con un trocito de biscote también puede ser un buen truco.

Autonomía infantil en el cuarto de baño

Las dificultades de muchos niños con el aprendizaje del uso de la bacinilla y el inodoro pueden ser debidas a un problema en el procesamiento sensorial. Es posible que un niño que no acaba de adquirir el control de sus esfínteres sea hiposensible a los estímulos y no sienta la necesidad de evacuar; o que la sienta in extremis, cuando ya no queda tiempo para acudir al cuarto de baño. Puede incluso no darse cuenta de que se ha manchado.

Otros niños pueden ser hipersensibles y rechazar el contacto de su piel con la fría porcelana del inodoro. Algunos experimentan desagradables sensaciones en el momento de evacuar y optan por retener heces y orina para evitarlo. Esta conducta puede provocar infecciones y estreñimiento.

En ambos casos, los juegos y las actividades que proporcionan estímulo propiocep-tivo, es decir, las que requieren fuerza muscular, ayudan a normalizar el procesa-miento sensorial. Una intervención de Terapia Ocupacional basada en la Teoría de la Integración Sensorial también puede ayudar a que el niño responda de manera más adecuada a sus señales corporales.



DANY CHOQUE CHAMBI ROMERO
TERAPEUTA FISICO
LIMA PERU





Problemas de lateralidad en la Escuela


Estos trastornos pueden provocar dificultades de aprendizaje e incidir en el rendimiento académico de los niños

Abril del 2010




La lateralidad es la tendencia espontánea a utilizar una de las partes simétricas del cuerpo: ojos, manos, pies u oídos. Es importante que padres y educadores estén atentos al desarrollo de este proceso en los más pequeños para detectar de forma precoz cualquier trastorno. Podrán prevenir así algunos de los problemas de aprendizaje o psicomotrices que se asocian a una lateralización incorrecta.
Diestro o zurdo. La tendencia general cuando se trata la lateralidad es centrarse en el uso dominante de una mano sobre otra, en concreto en la escritura. Sin embargo, al igual que las manos, el cuerpo humano cuenta con otros miembros simétricos cuyo uso predominante marca también la lateralidad de una persona: ojos, piernas y oídos.

Desde el nacimiento hasta los seis años, la lateralidad se desarrolla en distintas fases. En las primeras, de 0 a 2 y de 2 a 4 años, el niño no tiene definida una tendencia predominante, puede alternar un lado y otro para realizar sus actividades diarias. A partir de los 4 años y hasta los seis, comienza a definirse la dominancia en sus gestos automáticos y en procesos sencillos como coger el lápiz o jugar a la pelota.
La homogeneidad en el uso del lado izquierdo o el derecho rara vez revierte en un problema, pero cuando la dominancia es alterna, como ser zurdo de mano pero diestro de ojo (lateralidad cruzada), o se fuerza la tendencia natural de un lado sobre otro (lateralidad contrariada), pueden desarrollarse determinados trastornos que se traducen en dificultades de aprendizaje en las áreas de escritura, lectura o cálculo y en problemas psicomotrices que afectan al desarrollo motor de los niños.

Velocidad lectora lenta, equivocaciones en la organización temporal, tendencia a las inversiones de números o letras al escribir, confusión entre la derecha y la izquierda o dificultades de concentración y comprensión son algunos de los síntomas característicos de que algo falla en la organización lateral de un alumno. Estos problemas causan, en general, la desmotivación del niño, que tiende a rechazar las tareas escolares por su dificultad en estos aspectos.

Observación y seguimiento

Para evitar estos trastornos, los especialistas recomiendan a padres y docentes llevar un seguimiento de la lateralidad de los más pequeños en sus primeros años de vida. El primer paso es la observación, aunque también es posible realizar un test y otras pruebas sencillas que se pueden llevar a cabo para evaluar y predecir las tendencias de lateralización de los niños. Con ellas se descubren los primeros indicios de algún problema lateral que puede afectar a su posterior desarrollo académico.

Éstas son algunas de las actividades que contemplan muchas pruebas para que padres y educadores comprueben la tendencia lateral de los niños:

- Mano: recortar con una tijera, cepillarse el pelo o los dientes, dibujar o escribir, poner el tapón de la bañera, enroscar y desenroscar el tapón de una botella, lanzar una pelota, golpear con un martillo, dar cuerda a un reloj, tensar una goma, distribuir cartas en una mesa o hacer girar el pomo de una puerta.

- Pies: chutar un balón, saltar a la pata coja (la pierna que apoya es la dominante), pisar algo con el pie, levantarse desde la posición de rodillas (domina el pie que apoye al levantarse).

- Ojos: mirar por un catalejo, a través de un agujero de un cartón o por una cerradura, apuntar con una escopeta de juguete, dejarle hacer una foto.

Oido: escuchar con la oreja pegada a la pared, intentar oír el tic-tac de un reloj.

Posibles soluciones

La finalidad de estas pruebas es descubrir la lateralidad natural del alumno para poder corregir si se confirma desorganización entre las dominancias de las diferentes partes corporales. Sin embargo, los especialistas recomiendan no ser prematuros en determinar la tendencia del niño ni en estimularla, porque en estos casos es cuando se puede generar una lateralización equivocada.
Si a partir de los cinco o seis años se detecta un problema significativo de lateralización, es recomendable trasladar el caso a un experto en la materia. En general, tras establecer el diagnóstico, se programa un tratamiento psicomotor individualizado que, según los especialistas, puede disminuir el trastorno entre un 80% y un 100%.

 Lic. Dany Choque Chambi R.
Terapeuta Fisico

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